No me cites la balanza
ni hagas cuentas con la fe,
que el amor no es un empate
ni el dolor sabe de ajedrez.
Yo me acosté con un cuerpo
cuando ya todo dolía,
como quien rompe un espejo
para no verse la herida.
Fue un trago sin sobremesa,
sin promesas, sin canción,
una huida hacia adelante
con resaca en el corazón.
Lo tuyo fue otra novela,
tuvo prólogo y final,
mensajes, citas, poemas
y un nosotros clandestino
que no me quiso invitar.
No fue un error de una noche
ni un incendio accidental,
fue regar otra vereda
mientras ardía este hogar.
No me digas que es lo mismo,
no me pidas empezar
barriendo bajo la alfombra
lo que no quiere olvidar.
Si querés que hagamos algo
parecido a un nuevo amor,
no me vendas el indulto
sin cumplir la confesión.
Yo no quiero ser verdugo
ni vivir de reclamar,
solo pido que la verdad
llegue sobria, sin disfraz.
Porque si el “borrón y cuenta nueva”
nace viejo de mentir,
este intento de futuro
va a volver a repetir.
Y aunque todavía te quiera
—porque te quiero, carajo—
no estoy hecho para firmar
la paz
si la guerra sigue abajo.
