A decir verdad estoy encantado. Lamentablemente no me permito disfrutar de este paseo, ya que si no encuentro la forma de volver a mi mundo, el paseo se transformará en mi vida estable (lo que me hace pensar, de vez en cuando, que tendría esto de malo dado que este mundo me encanta… y cuando esto pasa me doy cuenta que estoy empezando a pensar como mis huéspedes)
Encantado o no, tengo que encontrar la forma de volver. Sospecho que mi pasaje de vuelta ha de ser como el de venida, por tanto este depende de mi habilidad para romper las leyes de la física de este mundo.
Me da la sensación que no son las mismas que regulan el mío… espero que se cumpla la regla (de mi mundo claro) y que esté yo equivocado…
Por lo pronto y por el momento estoy varado aquí. Como todo es una cuestión de actitud, hoy decidí que mi suerte, es buena suerte, ya solucionare mi regreso, y mientras tanto tengo la oportunidad de explorar un mundo de cielo rosado que huele a vainilla.
Salgo a caminar, con las manos en los bolsillos, pero con la frente alta y la mirada atenta, pero no tanto como para llamar la atención.
Al ratito (no creo que midan en cuadras acá la distancia de los trayectos… las manzanas no tienen la el diagrama que uno esperaría) veo del otro lado lo que a todas luces es una heladería.
A todas luces así lo marca la marquesina de neon al menos:
“Heladería Calórica” y mas abajo el slogan
“Donde un helado de chocolate es mejor que todo el dinero del mundo
Porque nada es mejor que todo el dinero del mundo
Y un helado de chocolate es mejor que nada”.
Naturalmente no me pierdo el helado mejor vendido de la historia, y que tanto promete, así que cruzo y me procuro un helado.
A todo esto, vienen 3 personajes que, al sentarse al lado mío con sus ruidos y conversaciones, exterminaron el secreto y privado romance que mantenía con mi cucurucho.
Frustrado, y a falta de algo mejor, me puse a escucharlos.
Le pidieron al mozo un litro de helado, aunque no se veían tan interesados por dulce como yo. Es mas, en seguida sospeche que la suya, lejos de ser amor por las cremas frías, era una motivación económica. Eran 3 y el litro según la lista costaba 30 umisme (unidades de medida para el intercambio de servicios y mercaderías), y ya tenían en la mano cada uno de ellos el billete de 10. Raudo como una saeta vuelve el mozo con el helado, y una buena noticia: por una promoción que no llegue a entender el litro fue facturado a 25 umisme.
Con una sonrisa puso sobre la mesa el helado y el vuelto. “Este no es ningún buenasnoches, es flor de propinero” pensé cuando vi que, para no complicar la división de la propina entre 3, había tomado la precaución de dejar el vuelto en 5 monedas de 1. Los 3 amigos cayeron en la trampa haciendo los más lógico, cada uno agarro un umisme y dejaron los 2 restantes de propina.
Todavía no habían metido las cucharas en el pote cuando apareció le cajero con cara de pocos amigos. Testigo de la trivial escena, iracundo acusó a mis vecinos de estafa!
A los gritos el cajero afirmaba que faltaba un umisme!
Según la cuenta del cajero: los 10 que pagaron, menos 1 umisme que cada uno tomo como vuelto, resulta como total que los tres amigos terminaron pagando $9 cada uno y dado que son 3 y que 9x3=27, resultado al que sumados los 2 que dejaron de propina da un total de 29! Cuando ellos supuestamente entregaron 30! Entonces… ¿Donde quedo o está el umisme?.
Yupppiieeee! Grite con alegría! A priori, sin hacer nada todo daba a entender a que, quebrada la aritmética, ahora si volvía a casa!.... Pero ningún portal se abrió, nada de nada…
Y en plena frustración me di cuenta que la aritmética estaba perfecta… el problema del cajero estaba en otro lado. Me fui por donde había venido, y no se por qué, pero no le dije donde me parecía que estaba el problema… y eso que su helado se ajustaba a su slogan….
