domingo, 28 de diciembre de 2025

No estamos a mano


No me cites la balanza
ni hagas cuentas con la fe,
que el amor no es un empate
ni el dolor sabe de ajedrez.

Yo me acosté con un cuerpo
cuando ya todo dolía,
como quien rompe un espejo
para no verse la herida.

Fue un trago sin sobremesa,
sin promesas, sin canción,
una huida hacia adelante
con resaca en el corazón.

Lo tuyo fue otra novela,
tuvo prólogo y final,
mensajes, citas, poemas
y un nosotros clandestino
que no me quiso invitar.

No fue un error de una noche
ni un incendio accidental,
fue regar otra vereda
mientras ardía este hogar.

No me digas que es lo mismo,
no me pidas empezar
barriendo bajo la alfombra
lo que no quiere olvidar.

Si querés que hagamos algo
parecido a un nuevo amor,
no me vendas el indulto
sin cumplir la confesión.

Yo no quiero ser verdugo
ni vivir de reclamar,
solo pido que la verdad
llegue sobria, sin disfraz.

Porque si el “borrón y cuenta nueva”
nace viejo de mentir,
este intento de futuro
va a volver a repetir.

Y aunque todavía te quiera
—porque te quiero, carajo—
no estoy hecho para firmar
la paz
si la guerra sigue abajo.

martes, 23 de diciembre de 2025

Espejos

 He cruzado los espejos rotos del alma,  

y en cada fragmento vi tu imagen,

no como fue,  

sino como el dolor lo recuerda.


Fuiste la casa y el incendio.  

La plegaria y el sacrilegio.  

La palabra dicha en voz baja  

y el eco que nunca respondió.


Tu traición no fue solo un acto,  

fue una grieta en el tiempo:  

ahora el pasado ya no es cierto  

y el futuro llega con sombra.


Para igualar la balanza   

yo también profané el altar.  

Pero la carne ajena no salva,  

ni devuelve la forma del mundo.


Nos miramos como dos ruinas  

que aún creen en la arquitectura.  

Dos náufragos con la locura  

de querer reconstruir el barco  

con la madera de la tormenta.


¿Y si el amor no es pureza,  

sino persistencia en el barro?  

¿Y si lo sagrado  

no está en lo intacto  

sino en lo que sobrevive?


Si aún hay un hilo,  

aunque tenue,  

que une nuestras manos heridas,  

tal vez no todo esté perdido.  

Tal vez la piedra,  

aunque quebrada,  

pueda volverse templo.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Salida

 Entra la luz y asciendo torpemente 

de los sueños al sueño compartido 

y las cosas recobran su debido 

y esperado lugar y en el presente 

converge abrumador y vasto el vago 

ayer: las seculares migraciones 

del pájaro y del hombre, las legiones 

que el hierro destruyó: Roma y Cartago. 

Vuelve también mi cotidiana historia: 

mi voz, mi rostro, mi temor, mi suerte. 

¡Ah, si aquel otro despertar la muerte 

me deparara un tiempo sin memoria 

de mi nombre y de todo lo que he sido! 

¡Ah, si en esa mañana hubiera olvido!

Trauma

 El trauma en realidad es la desconexión con las emociones autenticas que nos deberían sentir en paz

Cavidad

 Cavidad vacía, cascarón hueco,

mi casa huele a sal muerta,

a cama lavada con mentiras,

a concha abierta que ya no me nombra.


Tu olor quedó pegado al aire,

espuma seca en los pliegues de la almohada,

mordida de fantasma,

suavecito, suavecito —como decías tú—

pero ahora quema.


La mesa cojea,

una pata rota,

un grito que no sale.

Cuatro paredes sostienen el eco

de tus gemidos prestados.


Yo también buceo,

en lo oscuro,

sin aire, sin brújula,

buscando en mi lengua tu sabor de otro,

el filo tibio de tu ausencia.


Mis manos ya no son manos,

son pinzas torpes,

crujen, buscan, no encuentran.

Cangrejo sin casa, sin costa,

repito tu nombre y se disuelve.


El mar no me quiere,

la espuma me escupe.

Eras mi eternidad circular,

ahora soy la marea que retrocede,

la carne que no olvida,

el signo roto, el silencio que respira sal.

Entre monstruos y santos

 Anoche bajé la escalera de tus silencios,  

me enroscaste como un verso viejo,  

y vi tu alma rota, hecha trizas,  

pero no me fui, ¿para qué? si te amo a rabiar.


Me diste un puñetazo en la boca y en el orgullo,  

limpié con el puño mi rabia y tu desprecio,  

y aunque te hiciste a un lado,  

aquí sigo, dándole vueltas al desamor que no se va.


No soy santo ni monstruo,  

pero llevo en la piel la marca de tus uñas,  

y te juro que duele más quererte  

que odiarte hasta perder el sentido.


Vestiste tu piel de santo con un pañuelo,  

yo la manché de cigarro y de cerveza barata,  

pero aquí estoy, preso de tus heridas,  

amando lo que me destruye y lo que me salva.


Y aunque me mueras poco a poco,  

aunque me arranques pedazos con tu indiferencia,  

te amo en esta ruina, con la rabia de un poeta,  

que no sabe si reír o llorar por ti.

Eco que no cesa

 En el laberinto donde se extravían los días,  

busco el hilo que me devuelva a tu voz,  

pero sólo encuentro el eco de un suspiro,  

la sombra fugaz de un tiempo que no vuelve.


Hay un fuego que quema sin llamas,  

un silencio que grita en la oscuridad,  

y en ese vacío, tu nombre se disuelve  

como un espejismo que no sé si es real.


No sé si te amo o te temo,  

si eres la herida o la medicina,  

pero en la penumbra de este desvelo,  

sigues siendo mi imposible camino.


Quizás soy un extraño en tu piel,  

o un sueño que se olvida al despertar,  

pero sigo aquí, navegando en el filo,  

entre la sombra y la luz de lo que fue.