Hubo un tiempo
en que confundí mi rostro con mi sombra.
Creí que era la culpa
el verdadero nombre de mi sangre,
y que los días
eran apenas un castigo repetido.Me perdí.
Nadie discute con el laberinto;
sólo aprende,
después de muchos muros,
que el centro nunca estuvo fuera.El hombre que buscaba
en el alcohol, en el humo, en la mentira,
un breve olvido de sí mismo,
ignoraba que el olvido
jamás concede libertad.Hoy camino más despacio.
No porque tema caer,
sino porque cada paso
pertenece por fin a mi voluntad.Algunos dirán
que he llegado demasiado tarde.
Otros recordarán
solamente mis derrotas.
Les concedo esa memoria.
Yo he elegido otra.Porque nadie asciende
llevando sobre los hombros
el juicio de los otros.
Las estrellas
no preguntan quién las contempla.
Simplemente arden.Si alguna vez amé,
que ese amor bendiga mi camino.
Si alguna vez fui amado,
que esa gracia permanezca.
Pero ya no deposito
mi destino en manos ajenas.He comprendido al fin
que la redención
no es volver al pasado,
sino aprender
a caminar hacia la noche
con la frente levantada,
sabiendo
que también los hombres
pueden parecerse a las estrellas.

2 comentarios:
Hola
Está mal el primer verso
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